Mensaje recibido el 7-7-1996
versió catalana
Al iniciarse la guerra yo tenia 6 años y recuerdo que lo
de la sublevación de Marruecos y la contrasublevación en España
no tenian mucho significado para mi. Pero pronto lo tuvieron los ataques
aéreos sobre Tarragona que fué una de las ciudades más
castigadas por la aviación franquista. Las constantes alarmas, que
a veces eran hasta diez o doce cada noche, cuando el hidro italiano de la
base de Pollensa amerizaba mar adentro y volvia al cabo de un rato, destruian
la moral de los tarraconenses que al dia siguiente debian ir a trabajar.
El famoso hidro (Isidro, le llamaban los payeses) ametralló a un
camión republicano delante de la ermita de la Mare de Deu del Camí
en Cambrils y la misma explosión del vehículo, que iba cargado
de explosivos, derribó al hidro que se incendió. Era tanto
el odio que levantaba que la gente fué a ver cómo los aviadores
italianos se quemaban vivos sin mover un dedo para sacarlos. El hecho se
comentó mucho en Tarragona y lo recoge el libro de González
Huix "El asedio aéreo de Tarragona. 1936-1939" que es muy
riguroso y exacto, con mapas de los refugios donde los pequeños pasabamos
el dia, ya que nuestras madres preferian que estuviesemos en la calle y
pudiesemos ir directamente al refugio cuando sonaban las sirenas, antes
que estar en casa.
Ahora que se esta haciendo el parking de la Plaça de la Font han
encontrado un tunel del gran refugio del centro de Tarragona que iba desde
la Farmacia Oriol en el Cos del Bou hasta delante del Banco Central en la
Rambla. Delante de dicho Banco se puede observar una depresión en
la acera: es debida a una de las dos entradas que estaba allí: la
otra estaba delante de la Farmacia Delclós. Otra gran entrada estaba
en el rincón que existe delante del Ayuntamiento, a la izquierda.
Hablando de entradas de refugio delante del edificio de las Teresianas,
cerca de Hacienda, se puede observar que el muro tiene otro color: allí
habia la entrada de otro refugio, creo que diferente. Nosotros nos entreteniamos
entrando por el Cos del Bou y saliendo por la rambla, muchas veces a oscuras:
en realidad no te podias perder y las linternas eran algo exótico.
Creo que algun espeleólogo debería realizar alguna exploración
de este monumental refugio del centro de Tarragona, que en la parte de la
Calle Hospital era muy profundo ya que enlazaba con el del Hospital que
se habia hecho antes (este tenia el túnel de forma ovalada como el
Metro, con hoquedades laterales para depositar allí las camillas;
me acuerdo del color amarillento de la piedra de las paredes). Cuando excavaron
el del Hospital, antes del otro que los unia a todos, desenterraron centenares
de calaveras y esqueletos, seguramente de algún cementerio medieval
al lado del Hospital. Cuando perforaron en lo que hoy es Simago (antes jardín
del Colegio del Sagrat Cor) encontraron fragmentos de bombas esféricas,
algunas muy curiosas de piedra, del tiempo de la guerra del francés.
También me acuerdo de los bombardeos de los barcos de guerra, la
primera vez del Canarias y el Almirante Cervera que desde una posición
más o menos frente al faro de aquel entonces, pero mar adentro, disparaban
contra el campo de aviación de Reus. En otra ocasión el Baleares
se situó delante mismo de la estación, muy cerca de la playa
y repitió el ataque. Desde la Calle Cervantes mirábamos (inconscientes
tal como lo veo ahora) el fuego de los cañones, sentíamos
el silbar de las balas y después oíamos las lejanas explosiones.
Poco después fué hundido el Baleares.
Mi padre contempló, desde las Cent Escales, el ataque de la aviación
franquista contra la Campsa, que se incendió. Nos explicó
que, en lugar de dejar caer las bombas como era habitual, el avión
había picado hacia tierra, soltando la bomba y después remontando
el vuelo rápidamente. Fué años después cuando
oímos hablar de los Stukas y del bombardeo en picado. Creo que aquí
y a nuestras espaldas se hicieron muchas pruebas de cara a la guerra del
39. Por cierto, la Campsa quemó días y días. El incendio
se veia desde toda la provincia y no nos podíamos acercar más
allá de la actual Escuela de Enologia, por el terrible calor. Recuerdo
las gruesa planchas de los depósitos retorcidas y al rojo vivo.
Los que vivimos aquellos años no olvidaremos jamás como tiembla
la tierra cuando explotan las bombas, la siniestra visión de los
aviones enemigos (las pavas), los ataques que a veces les hacían
los aviones de Reus (los ratas), el hambre que sufrimos muchos, especialmente
los ancianos y todo aquel que no tenia otro medio de avituallamiento que
el magro racionamiento de la "cartilla" (aceite, arroz, azúcar,
carne, pan, bacalao, patatas, leche, rezaba la cartulina azul). Los gatos
desaparecieron, sea por falta de comida o comidos (dicen que sabían
a conejo) y no se veia ni un perro. Los caballos también eran "oscuros
objetos de deseo". Con los restos de comida la gente criaba algún
pato o gallina en los lugares más inverosímiles de las casas
y las habas tiernas las freíamos con piel incluida. Después
vino la ayuda de los Friends (Los Amigos Cuáqueros), con el descubrimiento
de la leche en polvo y la carne en lata (Corned Beef). Todavía compro
a veces corned beef para acordarme del sabor. Me acuerdo del pan de harina
de arroz que intentaron elaborar (quedaba como una coca) y el aceite de
avellana. Y el hambre. El hambre omnipresente. Nosotros, mi familia y especialmente
mi hermano y yo, no la sufrimos ya que mis padres iban a pie a Vilallonga,
a casa de unos parientes y volvian, a pie, con judias, buen aceite y otras
cosas y, además, un pariente era panadero y siempre caia algo, pero
la cosa iba muy justa. Una de las imagenes más impactantes que recuerdo
fué cuando mi padre y yo fuimos a buscar algo al piso semiderruido
de la calle Cervantes y al pasar por delante de la Cooperativa Obrera (Fortuny
esquina con Reding) vimos una manifestación ne niños pequeños
de seis o siete años como yo golpeando las puertas con sus pequeños
puños y pidiendo a gritos "Queremos pan, queremos pan..."
Yo tengo pan, pensé, por qué llos no?
Y también la Iglesia de Sant Joan convertida en almacén de
víveres, con una ametralladora en la torre medio en ruinas. Antes
había visto como sacaban los bancos, los confesionarios y los altares
y los quemaban en la plaza. Después, hacia el final de la guerra,
instalaron cañones antiaéreos y reflectores (en la Oliva).
No se que erra más terrorífico para un niño, si oir
de pronto las bombas o salir a la calle y ver los rayos de los reflectores
cortando el cielo, buscando los aviones y oir los cañones antiaéreos
que pienso que poco debían hacer.
Ibamos a ver a las Brigadas Internacionales y a la División del Campesino
(solamente conozco a un antiguo brigadista y yo mismo que podamos hoy en
d´ía cantar el himno de la División del Campesino) desfilando
por la Rambla y el 15 de Enero del 39 vimos pasar las tanquetas italianas
por la Rambla Vella en dirección a Barcelona. I después todo
el resto...
Conclusión? Que todo aquello fué un disparate indigno por
ambos lados. Que en una guerra civil no hay inocentes. Que todos hicieron
muchos desastres. De madrugada, las exclamaciones de mis padres nos despertaban
a tiempo de oir los disparos de los fusilamientos en la Oliva, primero de
curas y "gente de orden" y después de milicianos que no
pudieron huir a tiempo. Da asco de pensarlo.
Vicens Basora Francesch
Tarragona
vbf@tinet.fut.es