Federico García Lorca (1898-1936)
Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con entrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡Ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
sangre en la frente y plomo en las entrañas
Que fué en Granada el crimen,
sabed, ¡pobre Granada!, en su Granada.

(Antonio Machado)