OPINION
-He subrayado algunas veces que van apareciendo recuerdos, de toda una vida o de un
periodo (Guerra
Civil), de sacerdotes catalanes. Y la última muestra relevante es el extenso
volumen de mosén Gregori Creus, "Memòries d'un vicari general de La Seu d'Urgell,
delegat permanent per a Andorra" (Publicacions de l'Abadia de Montserrat). Nació en
1905 en Sisteró, aldehuela del municipio de Les Pallargues (la Segarra) y murió en La
Seu d'Urgell en 1984. Su historia es la de un párroco rural que llegó a ejercer
importantes cargos de gobierno pastoral e incluso político.
Son muy importantes históricamente los ambientes que describe mosén Creus, desde su vida
familiar en el pueblecito donde las 25 familias rezaban cada día el rosario, hasta las
distintas parroquias en las que tuvo misión pastoral: Llívia, Agramunt, Tremp, La Pobla
de Segur, Pont i Balaguer.
Cabe destacar la relación desde Llívia con los párrocos de la Cerdanya francesa, de
habla catalana. Creus intentó con éxito una especie de pastoral interpirenaica e incluso
fue encargado pastoral de dos pequeños núcleos más allá de los límites fronterizos.
Mosén Creus caracteriza muy bien el talante de los sacerdotes que va conociendo y el
clima religioso, social y cultural de los feligreses. Siempre apunta la temperatura del
termómetro de adhesión al culto y a la Iglesia y en algún caso indica que encontró un
ambiente de frialdad religiosa, especialmente en las parroquias de nacionalidad francesa a
causa, dice, de las leyes anticlericales y de que muchos niños en la escuela pública no
recibían ninguna enseñanza de cultura cristiana, algo parecido a lo que pasa ahora en
buena parte de España.
La Guerra
Civil fue un calvario para mosén Gregori Creus. Detenido cuando intentaba
pasar la frontera, estuvo varios meses en las prisiones de Lleida, Figueres y Barcelona.
Finalmente, al relacionarlo con la Federació de Joves Cristians de Catalunya, los
llamados "fejocistes", a los que se confundía con los "feixistes" fue
condenado a veinte años de cárcel y de "trabajos intelectuales".
Al final de la Guerra
Civil, fue recluido en campos de prisioneros, como Concabella o Barbens, donde
reinaban el terror y la arbitrariedad, porque entre los internos se mezclaban los curas
con los miembros de las Brigadas Internacionales.
Creus vivió también los años cincuenta la crisis espiritual, un fenómeno muy complejo,
del seminario de Urgell, que dirigía mosén Quer, quien, con unas teorías a veces
extravagantes y erróneas, hundió el seminario.
El capítulo dedicado a la reforma de las instituciones andorranas y a los problemas
interiores del principado es el más breve y quizá el menos sutancioso. Cabe suponer que
razones de secreto profesional le hicieron censurar cuestiones que deben de ser
históricamente muy importantes. El libro hace crónica sobre la sede de Urgell.
ALBERT MANENT