BARCELONA

99.01.24
JORDI BELVER 

Exposición "Enfermeras en la Guerra Civil
 

Enfermeras heroicas

Carteles, fotografías, dibujos y documentos reproducidos gracias a las fotocopias constituyen los soportes básicos de la exposición "Las enfermeras en la Guerra Civil" que puede verse en el vestíbulo del hospital de Sant Pau hasta el próximo día 29. La muestra, además de su vertiente recordatoria, sirve también para explicar el trabajo de las enfermeras durante aquel trágico periodo de la historia de España.
Todo este material proviene del Archivo Histórico Nacional de Salamanca, del Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, de la Hemeroteca Municipal de Madrid, de la Fundación Pablo Iglesias, de la Filmoteca Nacional, de la Fundación Largo Caballero, y de María Teresa Muñoz Ribero. Y, mientras los carteles --como sucedía entonces-- están plagados de consignas ("Respeta a la enfermera. Por cuidarte dejó a los suyos"), las fotografías ponen de manifiesto las condiciones sanitarias --a veces muy precarias-- que existían tanto en los hospitales de las ciudades como, sobre todo, en los de campaña. Los documentos recuerdan, entre otros aspectos, que estas enfermeras tenían la misma consideración que un capitán, un teniente o un sargento, en base a su formación y especialización.
No todas las personas que aparecen en la exposición son anónimas. Los organizadores han pretendido huir de este distanciamientos y, seguramente por este motivo, han reservado un espacio a las sobrevivientes. Es el caso de Josefina Martín Ruiz de Galarreta, Consuelo Díez, Felisa Izquierdo, Marcelina Herranz y Josefa Fernández, enfermeras durante la contienda civil cuyos retratos, tomados sesenta años después, forman parte del material expuesto.
En aquel entonces, cualquier medio era bueno para dar una correcta educación sanitaria. Algunas de esas fórmulas provocan ahora sonrisa. Es el caso de una historieta --"Hay que evitar ser tan bruto como el soldado Canuto"-- mediante la cual se impartían consejos a la hora de enfrentarse a cualquier imprevisto sanitario. Pero ello no debe empañar ni hacer olvidar el "papel fundamental" --como señala uno de los carteles de la exposición-- protagonizado por unas mujeres que lo dejaron todo para cuidar a los heridos, enfermos, niños y desvalidos.

Las historias de los vencidos y de los luchadores

Algunos de los documentos recuperados son cartas de ciudadanos remitidas al colegio, escritos que dibujan su época. Como la que remitió la señora Encarnación, en la que pedía "tener a bien interesar a las autoridades competentes una amnistía para mi esposo". Su marido, uno de los perdedores de la Guerra Civil, llevaba casi 14 años en "la prisión central de Burgos", para cumplir una condena de 30 años por "actividades políticas". La "carestía económica" la forzaba a ella a pasar "interminables horas de trabajo en la máquina de coser".
En otra misiva (en la foto), unos exiliados en México piden al colegio su intervención en "el proceso que por vía militar trata de abrirse", contra dos luchadores, por "su participación en la manifestación ciudadana de protesta por el alza de tarifas de los transportes de Barcelona". Ocurrió en 1957.