BARCELONA
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| JORDI BELVER Exposición "Enfermeras en la Guerra
Civil" |
Carteles, fotografías, dibujos y documentos reproducidos
gracias a las fotocopias constituyen los soportes básicos de la exposición "Las
enfermeras en la Guerra Civil" que puede verse en el
vestíbulo del hospital de Sant Pau hasta el próximo día 29. La muestra, además de su
vertiente recordatoria, sirve también para explicar el trabajo de las enfermeras durante
aquel trágico periodo de la historia de España.
Todo este material proviene del Archivo Histórico Nacional de Salamanca, del Archivo
General de la Administración de Alcalá de Henares, de la Hemeroteca Municipal de Madrid,
de la Fundación Pablo Iglesias, de la Filmoteca Nacional, de la Fundación Largo
Caballero, y de María Teresa Muñoz Ribero. Y, mientras los carteles --como sucedía
entonces-- están plagados de consignas ("Respeta a la enfermera. Por cuidarte dejó
a los suyos"), las fotografías ponen de manifiesto las condiciones sanitarias --a
veces muy precarias-- que existían tanto en los hospitales de las ciudades como, sobre
todo, en los de campaña. Los documentos recuerdan, entre otros aspectos, que estas
enfermeras tenían la misma consideración que un capitán, un teniente o un sargento, en
base a su formación y especialización.
No todas las personas que aparecen en la exposición son anónimas. Los organizadores han
pretendido huir de este distanciamientos y, seguramente por este motivo, han reservado un
espacio a las sobrevivientes. Es el caso de Josefina Martín Ruiz de Galarreta, Consuelo
Díez, Felisa Izquierdo, Marcelina Herranz y Josefa Fernández, enfermeras durante la
contienda civil cuyos retratos, tomados sesenta años después, forman parte del material
expuesto.
En aquel entonces, cualquier medio era bueno para dar una correcta educación sanitaria.
Algunas de esas fórmulas provocan ahora sonrisa. Es el caso de una historieta --"Hay
que evitar ser tan bruto como el soldado Canuto"-- mediante la cual se impartían
consejos a la hora de enfrentarse a cualquier imprevisto sanitario. Pero ello no debe
empañar ni hacer olvidar el "papel fundamental" --como señala uno de los
carteles de la exposición-- protagonizado por unas mujeres que lo dejaron todo para
cuidar a los heridos, enfermos, niños y desvalidos.
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Algunos de los documentos recuperados son cartas de ciudadanos remitidas al colegio,
escritos que dibujan su época. Como la que remitió la señora Encarnación, en la que
pedía "tener a bien interesar a las autoridades competentes una amnistía para mi
esposo". Su marido, uno de los perdedores de la Guerra
Civil, llevaba casi 14 años en "la prisión central de Burgos", para
cumplir una condena de 30 años por "actividades políticas". La "carestía
económica" la forzaba a ella a pasar "interminables horas de trabajo en la
máquina de coser".
En otra misiva (en la foto), unos exiliados en México piden al colegio su intervención
en "el proceso que por vía militar trata de abrirse", contra dos luchadores,
por "su participación en la manifestación ciudadana de protesta por el alza de
tarifas de los transportes de Barcelona". Ocurrió en 1957.