CULTURA

Miércoles, 2 de diciembre de 1998

«Narrar la Guerra Civil es un deber personal, moral e histórico»

Mercero regresa al cine, ocho años después, con «La hora de los valientes»

BEATRICE SARTORI

MADRID.- «Sentí la necesidad vital de volver a hacer cine. Llevaba cinco años haciendo Farmacia de guardia y sentí que necesitaba regresar a mis orígenes y volver a narrar historias en mi medio natural. Tenía ansia por dos cosas: hacer cine y una buena película. Me enamoré de una historia apasionante e hice La hora de los valientes».

Antonio Mercero (Lasarte, 1936) narra escuetamente cómo fue regresar a la dirección de largometrajes, ocho años después de Don Juan, mi querido fantasma y 35 después de su estreno con Se necesita chico (1963), un tiempo en el que se ha convertido en el realizador de televisión de mayor éxito, con series tan populares como Verano azul y Turno de oficio.

Mercero ya lanzó una mirada irónica e indirecta hacia la contienda civil en La guerra de papá (1977), a partir de El príncipe destronado, de Delibes, pero prefiere vincular esta película -erigida a partir de las memorias de Azaña, de la evacuación del Museo del Prado y de una idea propia- con Espérame en el cielo (1987), una comedia sobre el general Franco: «En las dos películas, que considero mis trabajos más personales y, quizá, los mejores, abordo la guerra y la posguerra. Aun sin haber sido consciente de ello, ha habido una cierta coherencia interior en hacerlo, algo de lo que no fuí consciente en su momento», afirmó ayer en Madrid.

Generación golpeada

Y es que narrar la guerra, que vivió de niño en Guipúzcoa, lo considera «un deber personal, moral e histórico. Pertenezco a una generación muy golpeada por la guerra. Si no la contamos nosotros, ¿quién va a hacerlo?», reflexiona Mercero, a quien llevó un año la escritura de hasta seis guiones, un proceso «dolorosamente feliz». «Bucear en la guerra fue tremendo: descubrir todo el dolor, odio y contradicciones de una lucha fratricida. Sentí una angustia total que, a veces, me impidió continuar».

La hora de los valientes, un título extraído de las arengas radiofónicas con las que se alentaba a la población sitiada madrileña en el invierno de 1938, es definida por su autor como «una tragicomedia realista, una historia romántica, un fresco histórico y una fábula sociopolítica», que parte de la clásica premisa de un hombre ordinario atrapado en una situación extraordinaria, que lo convierte en un héroe forzado.

La película narra la pequeña peripecia idealista y personal de un joven anarquista empleado en el Museo del Prado. Durante la evacuación, percibe que un autorretrato de Goya ha quedado abandonado.

Lo recoge y se ocupa de ocultarlo durante la contienda hasta poder devolverlo a la pinacoteca. «Se trata», dice, «de narrar la historia de un pobre chaval defendiendo la belleza suprema, de ahí la grandeza de su pequeño gesto. Porque, el tema central es la defensa de la belleza. La guerra es el cruel y sórdido transfondo histórico y la muerte, la circunstancia que lo rodea».

No hay villanos en la película, aunque cada facción comete crímenes. Mercero, que ayer descubrió que el comunicado de alto el fuego de ETA el pasado 16 de septiembre, incluía la frase: «La hora de la valentía ha llegado», fue muy consciente de ello: «Los crímenes de sangre se produjeron en todos los bandos. Yo no juzgo a nadie, porque, como dijo Renoir, cada personaje tiene sus razones».

Tanto Malraux como Antonio Saura coincidieron en señalar a Francisco de Goya como el precursor de la pintura moderna. Mercero eligió el autorretrato que Goya se hizo en 1815 por ser: «El pintor que logra estremecerme». El cuadro comienza siendo un MacGuffin de la historia para devenir en un protagonista absoluto, al que los personajes apodan El Compañero.

Dice el director: «El fue testigo de los horrores de la Guerra de la Independencia. Y quise, de alguna manera, que se convirtiera, de nuevo, en testigo de otra lucha. De hecho, en su cuadro Duelo a garrotazos, Goya anticipó premonitoriamente la Guerra Civil».


25 años de «La cabina»

El pasado martes se cumplieron 25 años de la concesión a Antonio Mercero de un Emmy por La cabina, con guión de José Luis Garci e interpretada por José Luis López Vázquez. Emitida de nuevo por televisión, el día de la efeméride, su autor comprobó, complacido, que su actualidad continúa intacta. «Tuvo algo de fábula premonitoria, creo que es uno de los factores que la han mantenido vigente».

Su gran sorpresa ha sido descubrir que, en un cuarto de siglo, se ha convertido en una pieza de culto y que tiene fanáticos seguidores en los lugares más inesperados: «Me han comentado que el historiador Hugh Thomas es un apasionado de La cabina. La otra sorpresa me la dio hace unas noches José María Aznar, que me comentó que el presidente Sanguinetti le había dicho que es un fan de Espérame en el cielo».