CULTURA

Domingo, 7 de junio de 1998

Antonio Mercero regresa al cine con un filme ambientado en la Guerra Civil

Narra la evacuación de los cuadros del Prado durante la contienda

MILAGROS MARTIN-LUNAS

MADRID.- Motores./¡Alerta milicianos!/Mientras por la interminable neblina/se van perdiendo «Las Meninas»/ y el «Carlos V» de Tiziano. La lectura de La arboleda perdida y Los diálogos en el Museo del Prado de Rafael Alberti inspiraron a Antonio Mercero y, más tarde, una hipotética historia ambientada en la Guerra Civil lo empujó a colocarse detrás de una cámara de cine.

Noviembre de 1936, Madrid era ya una ciudad en guerra. Mientras los obuses disparaban a diestro y siniestro y se esperaba la llegada de las Brigadas Internacionales para salvar la capital, al Museo del Prado llega una orden prioritaria: «El Gobierno se traslada a Valencia, las pinturas del Prado, también. Hay orden de evacuar el museo urgentemente».

A partir de aquí, Mercero se preguntó: «¿Qué hubiese pasado si en la evacuación uno de los celadores se encontrara tirado un autorretrato de Goya?» Así se encontró con la trama de La hora de los valientes, una historia en la que ha estado trabajando durante un año junto a Horacio Valcárcel y que supone su regreso al cine después de una ausencia de ocho años, tras una fructuosa etapa en televisión que le ha reportado éxitos como Verano azul, Turno de oficio o Famacia de guardia.

AFAN QUIJOTESCO.- «Tenía mono. Mis orígenes están en el cine, pero quería volver con una película que me apasionara. De ésta me cautivó ese afán quijotesco por la defensa de la belleza. La lucha que mantiene ese joven celador que huye hacia el refugio con el cuadro escondido en su guardapolvos y su afán por protegerlo en una época tan difícil».

Protagonizada por Gabino Diego, Leonor Waltling, Adriana Ozores, Luis Cuenca, Héctor Colomé y el niño Javier González, y rodeado de un equipo técnico de altura, dentro del que se encuentran el director de fotografía Jaume Peracaula y el director artístico Gil Parrondo, que cuenta en su currículum con tres Oscar (Patton, 1970; Nicolás y Alejandra, 1971 y Viajes con mi tía, 1972, el director de Don Juan, mi querido fantasma), Mercero abordó el primer día de rodaje dominado por los nervios. «Empezamos un lunes, me levanté de madrugada y me sentía bastante mal. Me ha costado volver a mirar a través de la cámara de cine. En televisión rodábamos con cuatro cámaras y aquí sólo con una. Esto exige un planteamiento escénico diferente».