Martes, 21 de abril de 1998
La TV pública alemana reduce a 126 las víctimas del bombardeo de Gernika
Sostiene que las imágenes de época eran ruinas pertenecientes a Madrid
GEMMA CASADEVALL
CORRESPONSAL
BERLIN.- ¿Existió la tragedia de Gernika o fue un invento del aparato de propaganda republicano, elevado a mito por obra de un pintor «amigo», Pablo Picasso? La televisión pública alemana dedicó un amplio reportaje a desenmascarar la verdad. Desde su primer canal, en un programa titulado Kulturweltspiegel -Espejo cultural mundial- y en la franja horaria estrella, la noche del domingo.
Dos testimonios sustentan el reportaje. Por un lado, el de Jesús Salas Larrazábal, general retirado de las fuerzas aéreas españolas. Por el otro, José Pedro Vindel, un presunto experto en Picasso.
El primero sostiene que los bombardeos del 26 de abril de 1937 sobre Gernika no provocaron los 1.654 muertos y 889 heridos reportados por la prensa «extranjera», sino que fueron 126. Tampoco es cierto, dice, que la Legión Cóndor bombardease sin piedad durante tres horas. «En realidad, hubo un ligero ataque a las 16.30, seguido de otro, el decisivo, realizado por los Junker alemanes, a las 18.30». Para entonces, todo el mundo estaba en el refugio». Y añade que las imágenes de época pertenecían, en realidad, a Madrid.
Que la ciudad entera quedase destruida no fue consecuencia de esos 50.000 kilos de bombas que los historiadores coinciden en afirmar que cayeron sobre Gernika, sino pasto de las llamas «propagadas por el viento».
El reportaje de la televisión pública germana pretende desarmar otro mito, el del ataque premeditado contra un objetivo civil. «Gernika no era sólo un punto estratégico, sino también militar. Se suele querer olvidar que en el pueblo había tres fábricas de armas y municiones, además de 2.000 soldados republicanos entre 5.000 habitantes», sostiene la voz en off.
¿Y qué hay de las víctimas?, se pregunta el reportero en su documento histórico. Las fotos del horror no procedían de Gernika, sino de Madrid. En realidad, los habitantes de la población huyeron al primer «ligero ataque».
Que el nombre de Gernika haya ingresado en la historia como sinónimo de terror fascista se debe a Pablo Picasso. Y ahí entra el segundo gran testimonio ofrecido por la televisión alemana. José Pedro Vindel, crítico de arte residente en Madrid y que, según el reportaje, ha presentado su tesis al Museo Reina Sofía, dice tener una de las claves de la gran manipulación histórica.
Picasso no pintó su cuadro impactado por el horror y para presentarlo en la Exposición Mundial de París de 1937. En realidad, recogió unos apuntes realizados dos años antes, cuando trabajaba en la serie «Minotauromaquia», y los amplió plagiando una obra de Manuel Navarro del siglo anterior, «Feria de Cuernicabra»,
«Si se trata de un bombardeo hay que mostrar aviones y bombas. Picasso pintó un toro, un caballo, una mujer. ¿Qué tiene que ver eso con Gernika?», dice Vindel. Además, si en algo fue maestro Picasso fue en el arte de inspirarse en la obra ajena, añade.
«¿Acaso no le interesa a los españoles la autenticidad
de los hechos?», se pregunta el reportero. No, por supuesto. En Gernika nadie quiere
hablar de ello. «Al fin y al cabo, la ciudad saca provecho hoy de la Guerra Civil»,
concluye, ilustrando la aseveración con los tres millones de marcos, unos 250 millones de
pesetas, que Alemania aprobó pagar a la ciudad, con sesenta años de retraso, a modo de
«reparación».
La cámara baja del Parlamento alemán, Bundestag, dedicará el viernes un espacio de su pleno a «recordar» los bombardeos de Gernika. Un acto de guerra considerado por todo el mundo el ensayo general de la Luftwaffe de Hitler para la II Guerra Mundial.
El reconocimiento de culpa por parte de la Alemania actual ha sido un proceso largo y laborioso. Empezó hace más de una década como cruzada personal de Petra Kelly, la «Pasionaria» del partido ecologista Los Verdes, y acabó el pasado año con el mensaje de disculpa del presidente de la República Federal de Alemania, Roman Herzog, a Gernika.
Arañar de los presupuestos del estado esos 250 millones de pesetas ha sido igualmente una ardua tarea. Finalmente, y tras recortar a una tercera parte el presupuesto inicial, el Bundestag lo aprobaba en 1996. Suficiente, según el reportaje de la televisión pública alemana, para considerar que la población de Gernika calla ante «hechos» denunciados por «voces críticas» para poder seguir exprimiendo el mito.