Cosas de la vida


Más de 300 supervivientes de las Brigadas Internacionales constataron ayer, fuera y dentro del Parlament, el afecto que Catalunya les profesa. Contrariamente a la frialdad, cuando no indiferencia, oficial, de la que fueron víctimas durante su estancia en Madrid, las autoridades catalanas les saludaron ayer con encendidos elogios. Los brigadistas tienen previsto visitar durante el día de hoy diferentes poblaciones catalanas que fueron testigos de su lucha.

Catalunya arropa a los brigadistas

JORDI CASABELLA

Barcelona

Casi seis décadas después de que los barceloneses salieran a la calle para despedir a las Brigadas Internacionales, centenares de personas acudieron ayer a las puertas del Parlament para mostrarles su afecto incondicional. Al calor popular se añadió el institucional, que alimentaron las palabras de bienvenida del president Jordi Pujol. "La acogida ha sido formidable", indicaba a la salida del hemiciclo el aún hoy presentador de los discursos públicos de Fidel Castro, el cubano Manuel Ortega, de 75 años, mientras estrechaba manos por doquier.

"El recibimiento ha sido supremo", dijo a este diario el yugoslavo Lazar Udobiski, que pronunció unas palabras de agradecimiento en nombre de los brigadistas. "Me ha conmovido el discurso de Pujol. Lo más sorpendente es que poco antes de comenzar el acto no tenía nada preparado. Es un verdadero maestro de la oratoria y la política", opinó.

A diferencia de lo ocurrido en el Congreso de los Diputados, donde el absentismo del presidente y el vicepresidente primero de la Cámara, ambos del PP, restó lustre a la recepción oficial, el agasajo que el Parlament ofertó a los brigadistas contó incluso con el concurso del president de la Generalitat. Pujol afirmó ante los huéspedes de la Cámara que "su gran esfuerzo, sufrimiento y heroísmo no fueron inútiles. Su lucha ha tenido éxito, aunque no lo tuviera en aquel momento". Pujol indicó que, además de combatir por la causa democrática, los brigadistas lucharon por la prevalencia de "los derechos nacionales de todos los pueblos". Y en este capítulo, "aunque no totalmente, sólo parcialmente, ha existido un reconocimiento de los derechos lingüísticos y políticos".

Intervención en Zaire

El president, que a su llegada al Parlament fue abucheado por militantes de formaciones radicales republicanas que se habían apostado en las inmediaciones para vitorear a los brigadistas, subrayó que los voluntarios internacionalistas "ofrecieron un espectáculo generoso y de grandeza. Y es bueno recordarlo en un momento en que el idealismo no está de moda en Europa. Debería haber una intervención militar en Zaire, por ejemplo, pero simplemente por el coste que ello acarrea hay más de un país que no quiere participar en esa tarea", señaló. "Gracias por lo que hicieron entonces y por lo que hacen hoy aquí recordándonos la lucha por la libertad y la dignidad", finalizó.

Antes, en su intervención, Maragall había sentenciado: "¡Ya era hora de que España les rindiera homenaje!". El alcalde de Barcelona dijo de ellos que "fueron los primeros en darse cuenta de que algo había que hacer porque algo andaba mal en el siglo XX. El camino que ustedes trazaron es el que se ha seguido". Maragall llegó a tildar a las Brigadas de "la primera ONG, el primer ejército de intervención pacífica" de nuestros días. También intervinieron el presidente de la Cámara, Joan Reventós, y el de la Diputación de Barcelona, Manuel Royes.

¿Dónde está Anna Brunner?

Finalizados los parlamentos, mientras los brigadistas trataban de volver a encaramarse a sus respectivos autocares, una mujer de 84 años, María Pardo, buscaba afanosamente a la delegación suiza. Cuando dio con ella, preguntó abruptamente por Anna Brunner. Al poco, una brigadista en silla de ruedas dijo conocerla. "Está muy mal. Tiene un problema en la cabeza y está internada en un sanatorio", explicó. "Dígale por favor que me escriba. Aquí tiene mi tarjeta". "Pero ya le digo que no puede", replicó la mujer suiza. "Está bien, yo iré a verla y le escribiré por ella", convino al final, tras comprobar que María no se resignaba a no volver a saber de Anna. La española explicó después que Anna y su compañero eran comunistas, "buenas personas, amables y simpáticas. Anna era peluquera y ejerció aquí como sanitaria. Nos hicimos amigas cuando trabajamos juntas en la Monumental extrayendo piezas de los camiones rusos desvencijados para poder utilizarlas como recambios". "Lástima que no les hicieran un homenaje diez años antes", se lamentó alguien a sus espaldas.


¿Pasaporte español? No, gracias

J. C.

Barcelona

El despacho entre los brigadistas de los certificados acreditativos del derecho a la nacionalidad española ha originado una soberana confusión, engordada por las declaraciones de los políticos. El Ministerio de Justicia hizo entrega la semana pasada de un documento donde se les informa que cumplen los requisitos para ser ciudadanos españoles, pero lo cierto es que casi nadie se ha acogido a esa posibilidad puesto que, en la gran mayoría de los casos, implica la renuncia a la propia nacionalidad y, por tanto, a las pensiones, entre otros derechos.


Un brigadista, ayer, en el Fossar de la Pedrera de Montjuïc. El combatiente contempla una lápida de homenaje a sus compañeros.

El austriaco Hans Landauer es muy explícito al respecto: "No puedo aceptar esto. Yo en mi país recibo un buen dinero". Algo parecido opina el ruso Victor Lavsky: "Tal y como está planteado no podemos acogernos a ello". Otros, como el francés Theo Francos, son más sarcásticos: "Sí, decían que cuando fuésemos a las Cortes nos iban a dar el pasaporte español y mira lo que nos dado", señala, mientras muestra un llavero con el que fueron obsequiados en su visita al Congreso.

En realidad, como ayer mismo reiteró el historiador norteamericano Gabriel Jackson, sólo pueden acogerse al decreto sin menoscabo de los beneficios que les otorga su país de origen, o sea: pueden mantener la doble nacionalidad, los combatientes latinoamericanos, pero tampoco entre éstos parece que haya cuajado la idea. Mientras tanto, la única solución que se avista es que se modifique el Código Civil, como ha sugerido el Grupo Socialista en en Congreso, en el sentido de que se suprima la obligatoriedad de renunciar a la nacionalidad propia.

Después de que el año pasado el Congreso aprobara por unanimidad conceder a los brigadistas la ciudadanía española, tal y como les prometió en 1938 el presidente del Gobierno republicano, Juan Negrín, muchos de ellos trataron en vano de convertir esa aspiración en realidad.


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