SU NÚCLEO INICIAL estaba formado por participantes de la llamada
Olimpiada Popular, que se celebró en Barcelona
Las Brigadas Internacionales
JORGE MARÍN
U nos cuatrocientos miembros de las famosas
Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios de treinta y cinco países
que vinieron a España a luchar contra el fascismo, vuelven esta
semana para participar en los actos de homenaje organizados con motivo
del sesenta aniversario de su formación. En esta, Barcelona desempeñó
un papel preponderante, pues su núcleo inicial estaba formado por
participantes de la llamada Olimpiada Popular, que acababa de celebrarse
en ella y que tenía el común denominador de su ideología
antifascista.
El proyecto de crear unas Brigadas Internacionales para hacer frente al
fascismo fue patrocinado por el especialista inglés en cuestiones
militares Tom Win- tringham, el embajador soviético Marcel Rosemberg,
el italiano Palmiro Togliatti y el francés Maurice Thores, completándose
su estructuración con la participación del representante
del Gobierno español Diego Martínez Barrio. El centro de
reclutamiento internacional se estableció en París y estaba
dirigido por el italiano Giulio Carreti y el yugoslavo Josip Broz que,
años más tarde, había de hacerse famoso bajo el título
de mariscal Tito.
En las Brigadas Internacionales participaron un total de cuarenta mil hombres
procedentes de más de cincuenta países. Intervinieron eficazmente
en la defensa de Madrid, en las batallas del Jarama, Brunete, Belchite
y finalmente en la del Ebro, y en ellas murió una tercera parte
de sus componentes. Pero en octubre de 1938 la Sociedad de Naciones ordenó
su retirada, el Gobierno español la puso en práctica y el
15 de noviembre de 1938 Barcelona fue escenario de un acto sin precedentes.
En la avenida Diagonal millares de barceloneses salieron a la calle para
presenciar en esa magnífica vía el desfile final de las Brigadas
Internacionales. El jefe del Gobierno, Juan Negrín, les dirigió
la palabra agradeciéndoles el que hubiesen dejado sus países
para venir a defender las libertades de todos, mientras unos aviones sobrevolaban
la escena y dejaban caer unas octavillas con unos alegóricos versos
de Rafael Alberti que decían: "Sois de cualquier país,
del grande, del pequeño, del que apenas al mapa da un color desvaído...".
Pero fue el emotivo discurso de Dolores Ibárruri, "la Pasionaria",
el que mayor impacto produjo cuando dirigiéndose a las mujeres de
Barcelona les dijo:
"Cuando pasen los años y las heridas de la guerra se hayan
cicatrizado; cuando el triste recuerdo de esos sangrientos días
dé paso a un Estado de libertad, amor y bienestar, cuando desaparezca
el rencor y cuando el orgullo de ser un pueblo libre sea común a
todos los españoles, mencionad a vuestros hijos las Brigadas Internacionales
y explicadles que sus componentes cruzaron mares y montañas, dejaron
sus países y sus hogares, y vinieron a defender vuestra causa, que
es la causa de todos".
Unos cinco mil hombres de treinta nacionalidades distintas dejaron Barcelona
y entre ellos los más de trescientos que formaban el Batallón
Británico. Éstos llegaron a Londres el 7 de diciembre y fueron
recibidos en la estación por el primer ministro Clement Attlee y
otros miembros del Gobierno. Y después de las presentaciones de
rigor en el andén de esa estación londinense, el jefe de
ese batallón, Sam Wild, ordenó a sus reclutas el clásico
rompan filas. Con todo ello se deshacía ese conglomerado de intelectuales,
poetas, empleados y mineros que tenían, más que un profundo
sentir marxista, un fuerte sentido antifascista. Lo que verdaderamente
unía a los graduados de la Universidad de Oxford con los mineros
de Gales no era tanto el proestalinismo como el antihitlerismo y, bajo
este común denominador, el marxismo intelectual de los primeros
conjugaba con el comunismo pragmático de los segundos. Desgraciadamente,
las diferencias ideológicas de muchos de sus componentes hicieron
muy difícil el mantenimiento de un frente común. Mi amistad
con el escritor George Orwell --forjada en los días en que los dos
trabajábamos en la BBC-- me permitió vivir de cerca las diferencias
ideológicas existentes entre los distintos componentes de las Brigadas
Internacionales.
Pero ideologías aparte, el batallón británico de las
Brigadas constituyó un cuerpo de ejército que, extraoficialmente,
representó a la Gran Bretaña en un conflicto bélico
que había de hacer un impacto considerable en la Europa de hoy.
No es de extrañar, pues, que el Imperial War Museum de Londres considerase
que merecía la pena recoger para la posteridad todo lo que tenía
relación con la participación británica en la guerra
civil española y le dedicase una sección especial.
De la misma manera que la guerra de la independencia griega brindó
en 1821 a Byron y a otros intelectuales británicos la oportunidad
de luchar en tierra extranjera por la libertad, contra lo que consideraban
un peligro y una tiranía, la guerra civil española brindó
a poetas ingleses como Stephen Spender y John Cornfield, a escritores como
George Orwell y Philip Toynbee y a muchos otros intelectuales la oportunidad
de "romper una lanza" en favor de las libertades europeas que
veían amenazadas por el nazismo.
De aquellos cuarenta mil voluntarios que formaron las Brigadas Internacionales
que lucharon en nuestra guerra civil, sólo quedan unos seiscientos
supervivientes y ha sido un gesto que honra al Gobierno el que se les haya
otorgado la nacionalidad española. Uno de ellos expresó sus
sentimientos diciendo: "Es un honor para nosotros y para nuestros
muertos". Pero, al margen de ideologías y partidismos, es un
gesto que nos honra a todos.
JORGE MARÍN, periodista y escritor
Copyright La Vanguardia 1996