Domingo 3 noviembre 1996 - Nº 184 |
OPINIÓN | ||||||||
La palabra éxodo viene del griego, salida». Todavía se usa así en nuestro inglés, éxito». En España, éxito» se toma por triunfo, pero puede ser un mal éxito. Viejos críticos, quizá yo aún, decían: La obra tuvo un buen éxito». Éxodo: huye una población perseguida por sus enemigos. Es una costumbre mundial. He visto algunos: en el primero, estuve, de Madrid a Valencia; el segundo, el de los malagueños que llegaron allí, descalzos, ametrallados por los nacionales» que mataban por la patria y el honor. Aunque fueran alemanes, tenían un honor español. Luego he visto cientos: mi profesión me llevó a ellos; cuando se cansaron de mí los vi en televisión para esta columna donde me mandó Cebrián. ¡Una quinta columna! Me impresionan los éxodos del final de la vida organizada en África porque sé cómo son. La salida de las Brigadas Internacionales de España no fue un éxodo. Fue una orden del Comité de No Intervención, de la Sociedad de Naciones: tuvieron discursos y músicas y llanto. No se fueron del otro lado los alemanes ni los italianos porque, oficialmente, no estaban, aunque yo les vi en las calles, y en el Desfile de la Victoria. Algunos persiguieron uno de los últimos éxodos: el del puerto de Alicante. Los italianos les cercaron, dispararon o lanzaron bombas de mano. Los barcos no llegaron: para cumplir la orden de no intervención. Unos se suicidaron; algunos, en grupo (una bomba en el centro de una hoguera); otros, arrojándose al mar. Vida de rojos, muerte de rojos. A los demás se los llevaron los italianos al campo de Alabare. Hay bibliografía. De las Brigadas Internacionales quedan unos cientos. Lo pasaron mal: sobre todo en la democracia-modelo de EE UU, donde se les persiguió (McCarthy). España les premia con la nacionalidad. Vaya cosa. Ellos defendieron una República: otra patria que murió. No pueden aceptar: perderían las pensiones, los seguros médicos, las ayudas sociales de sus países. Y las de aquí, ya se sabe: puesto que se perdió aquella guerra... Se propone hacerles españoles de honor: no es posible. El honor es patrimonio del alma, el alma sólo es de Dios, y se la dio a los nacionales, que se oponen fieramente a que se les dé a los rojos. Bueno, pero algunos rojos españoles, sin necesidad verdadera de honor, regresados de los éxodos, les van a dar un homenaje el martes (20.30) en el Palacio de los Deportes de la CAM. Tendrán lo único que les importó entonces: la solidaridad. | |||||||||
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